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¿Qué es la Comunicación Consciente?

    vida océano

    ¿Cómo dejar de comunicarnos como un «teléfono roto«?

    Una buena comunicación necesita un proceso interno que nos llevará a conseguir una mayor conexión con el mensaje y con la persona a la que lo dirijo. Esto reducirá los malentendidos y facilitará el vínculo que se establece entre nosotros. Ese es el objetivo de la comunicación consciente: desarrollar relaciones sólidas y mutuamente enriquecedoras que nos permitan pasar de la dependencia a la autonomía.

    Imaginemos la siguiente situación, una conversación que en una medida u otra a todos os resultará familiar:

    – Me has hecho mucho daño, pensé que te importaba.

    – Pues claro que me importas, ¿Por qué dices eso?

    – ¿Qué te importo? Pues el otro día que quise hablar contigo ni siquiera me escuchaste. Tenías otra cosa que hacer. Y era muy importante.

    A partir de aquí, “el acusado” puede reaccionar poniéndose en el lugar de una persona dolida y decir algo cómo:

    – A mí también me duele que me digas que no me importas después de los años que hace que nos conocemos, pero si te di esa impresión, lo siento. Y si me recuerdas de lo que querías hablar, ahora tengo tiempo y me gustaría  escucharte.

    O puede subirse al carro de los ataques diciendo: 

    – Está claro que quien no escucha eres tú. Te expliqué por qué no podía quedarme pero ya veo lo que te importan a ti mis cosas.

    Habitualmente, cuando acusamos a alguien de hacernos daño lo que queremos decir es que algo nos ha dolido. Y se lo decimos con la esperanza de que recoja nuestro dolor y lo comprenda y se restituya la unidad, la conexión que teníamos. Pero no suele facilitar esa reconexión cargar contra la otra persona. ¿Qué pasa para que cuando queremos una cosa hagamos, justo, lo que nos lleva al resultado contrario, a lo que tememos que ocurra?

    Algo que pasa es que confundimos lo que sentimos: dolor, con el significado que damos a ese dolor: no le importo

    olas
    vida océano

    Pasos a seguir para practicar la comunicación consciente

    Por confusiones habituales de este tipo es por lo que una comunicación consciente, que exprese la verdad de lo que siento, necesita un proceso de toma de conciencia de uno mismo antes de empezar la comunicación. Este proceso se puede resumir en cuatro pasos:

    • Separar el hecho objetivo de mi interpretación de ese hecho. Algo así: «Cuando el otro día me dijiste que no te podías quedar a escucharme pensé que no te importaba y todavía siento dolor«.
    • Reconocer que mi sentimiento es mío, ha saltado por algo que alguien ha hecho, pero ese sentimiento es un proceso interno mío y por lo tanto solo yo puedo encargarme de él y resolverlo. Sí, ya sé que nos parece más fácil que la solución dependa de otra persona: “Si tú hicieras esto, yo estaría bien, estoy mal por lo que tú has hecho”. Pero, ¿os imagináis la situación que tendríamos si otra persona tuviera la clave de nuestro bienestar? El proceso interno que es necesario hacer para tener una comunicación consciente y que nos hace conscientes de nosotros mismos, tiene el premio de devolvernos el poder: Nuestro bienestar está en nuestras manos, no depende de nadie. Esto no quiere decir que el dolor, los conflictos en las relaciones o las dificultades de cualquier tipo vayan a desaparecer, quiere decir que tenemos la posibilidad, la capacidad, de gestionarlos de forma satisfactoria para nosotros y también de forma más satisfactoria de lo habitual para los demás.
    • Reconocer la necesidad que me llevó a buscar a la otra persona: necesidad de comprensión, de apoyo, de conexión, de compartir, de claridad…
    • Hago la petición que puede satisfacer esa necesidad comprendiendo que la otra persona puede decirme “No” en cualquiera de sus variantes: «Ahora no, no sé si podré, no«.
    • Otra de las dificultades para que la comunicación sea satisfactoria es confundir lo que necesito con alguna forma de satisfacer esa necesidad. Por ejemplo: «Necesito que me escuches«. La necesidad es la de ser escuchada, reconocida esa necesidad, pido, pregunto a alguien si me puede escuchar. La petición es el paso que doy para satisfacer mi necesidad. Y seguramente hay varias personas a las que se lo puedo pedir. Cuando necesito que una persona concreta responda a mi necesidad sin que me sirvan las respuestas de otras personas, algo me falta por comprender de lo que pasa realmente en mi interior. Necesito mirar hacia mí antes de comunicarme.

    La comunicación es un regalo cuando conectamos corazón y cabeza

    Una buena comunicación no consiste en qué tipo de palabras usamos sino en que esas palabras expresen una verdad vivida y limpia de las confusiones explicadas arriba. El que se comunica ofrece su verdad, el que escucha  recibe ese regalo. 

    Mostrar nuestra verdad: lo que nos duele, nos deja vulnerables. No sabemos lo que la otra persona va a hacer con esa parte viva de nosotros que ya está dolorida. Y tendemos a protegernos. Nos protegemos detrás de razonamientos, explicaciones, acusaciones… Sin expresar, sin nombrar lo que realmente nos pasa y queremos. Pero, ¿Si no mostramos con claridad lo que está pasando en nuestro interior, podemos sentirnos comprendidos? Cuando empezamos a dejarnos ver en esa zona íntima, delicada, empezamos a comprobar que dejarnos ver así, sin defensas, resulta liberador y satisface necesidades como la de conexión, unidad, comprensión… Es uno de los premios de hacer el  proceso de toma de conciencia de uno mismo que necesita una comunicación real, honesta y clara.

    No hay una estrategia para comunicarnos bien, sí hay varias técnicas para desarrollar nuestra capacidad de ser conscientes, honestos y claros, ingredientes necesarios para que la comunicación sea satisfactoria. Ingredientes que también desarrollan nuestra capacidad humana: la comunicación y nuestra humanización van de la mano. En el Taller de Comunicación Consciente podemos experimentar algo de todo esto.

    Charo Rodríguez

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