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La experiencia mística

    La mística se refiere a una experiencia profunda de unidad con el Absoluto, con Dios. La empezó a usar en su libro La teología mística Dionisio Areopagita, un autor cristiano neoplatónico del siglo VI. Místico es alguien que se calla, que está en silencio, que vive hacia adentro. Pero esa referencia a la unidad  –henosis, en griego- se puede encontrar no solo en las religiones de todo el planeta o en la tradición cristiana, que experimenta a un Absoluto que sale al encuentro y ama a cada persona y le remite al amor de los demás, sino también en la sabiduría pagana, de modo especial en Plotino, un filósofo, también neoplatónico del siglo III después de Cristo.

    El espíritu humano tiene siempre, en todas las épocas, también en nuestro tiempo, este anhelo de unidad, verdad y autenticidad. Diferentes tradiciones filosóficas y religiosas cultivan esta sabiduría de conectar con lo más hondo de nuestra existencia.

    Cómo y dónde hacer la experiencia mística

    Al maestro Eckhart le preguntaron: ¿hay que ir al desierto o a lo alto de una montaña y estar totalmente aislado para encontrase con Dios? Y él respondió: “No. Porque el que está mal consigo mismo no puede encontrase con Dios ni en el desierto ni en su habitación”. Se trata de perforar la realidad de cada día y del mundo, pero también hace falta entrenamiento y, de vez en cuando, parar para tomar conciencia. Ejercicios  de interiorización y de silencio nos ayudan. Pero podemos encontrar a Dios en todas partes, si aprendemos a mirar… Tenemos el ejemplo de una mística contemporánea, Etty Hillesum, judía, que estando presa en el campo de concentración de Auschwitz vivió una experiencia mística profunda, que le ayudó a acompañar y sostener a otras personas en condiciones extremas de sufrimiento.

    La persona mística, la que tiene una experiencia personal de Dios, adquiere una profunda libertad interior y eso puede amenazar a quienes ponen su seguridad en unas leyes que pretenden cumplir a rajatabla. Pero también puede suceder –como explica Enrique Suso- que una persona que ha tenido una experiencia extraordinaria de Dios vuelva a la vida cotidiana y se sienta tan unida a Él que llegue a creer que todo lo que hace o siente viene de Dios. Es necesario el discernimiento porque, aunque sintamos a Dios en nuestro interior, seguimos siendo humanos y nos podemos confundir o tomar por algo de Dios lo que no es suyo. La mística cristiana conlleva acción y contemplación: Teresa de Ávila, místicos de todos los tiempos, y el mismo Jesús insisten en la apertura a Dios y al mismo tiempo en el servicio a los demás y remiten al encuentro con los hermanos. Toda experiencia mística auténtica hace personas maduras, abiertas a los otros, al mundo.

    La unidad de todo lo existente

    Nosotros somos limitados. Pero Dios es ilimitado, es decir, no se halla limitado por nada; además de ser transcendente -y precisamente por eso- es a la vez inmanente, está en medio de todo. Nosotros no nos hallamos separados de Él, sino que “en Él vivimos, nos movemos y existimos” como dice Pablo (Hechos 17,28) y esa es la base de la experiencia mística. Los Padres griegos, entre ellos Ireneo, hablaban de la divinización del hombre: Dios se ha hecho hombre para que el ser humano sea divinizado, para llegar a la comunión plena con Él. Dios está en nuestro interior, podemos encontrarnos con Él en lo más hondo de nosotros, pero no somos Dios, precisamente porque nosotros somos limitados. Esa es la paradoja. Ahora, en esta vida mortal, podemos experimentar la unidad, pero esperamos alcanzar una vida plena con él.

    Fragmento de la entrevista a Silvia Bara Bancel de la revista ALANDAR

    https://alandar.org/denuncia-profetica/entrevista-silvia-bara-beguina-mistica-medieval/

    Bibliografía de la autora

    Teología mística alemana. Estudio comparativo del Libro de la Verdad de Enrique Suso y la obra del Maestro Eckhart, Aschendorff, Münster 2015.

    – “La gracia del beso: Libertad y creatividad de las místicas medievales”, en C. Picó (ed.), Resistencia y creatividad: Ayer, hoy y mañana de las teologías feministas, Verbo Divino, Estella 2015, pp. 133-159.

    – “La Escuela Mística Renana y Las Moradas de Santa Teresa”, en F. J. Sancho Fermín (ed.), Las Moradas del Castillo Interior de Santa Teresa de Jesús, Monte Carmelo, Burgos 2014, pp. 179-219.

    – “Sabed que el Reino de Dios está cerca (Lc 21,31) y Al octavo día (Lc 2,21). Dos sermones inéditos del Maestro Eckhart en castellano”, Estudios Eclesiásticos 88, n. 344 (2013) 195-206.

    – “La relación entre monjas, beguinas y dominicos en los siglos XIII y XIV”, en F. Rivas (ed.), Iguales y diferentes, San Pablo, Madrid 2012, pp. 177-218.