Catalina de Siena, mística y maestra de espiritualidad.
El próximo 26 de abril tendremos en Más Que Silencio un encuentro y meditación con una de las imágenes más sugerentes que la mística santa Catalina de Siena utiliza para guiar al encuentro con Dios: Cristo escalera. Con esta imagen nos va proponiendo un itinerario de ascenso hasta llegar a la unión íntima con Cristo, subiendo por sus pies, su costado hasta llegar a su boca.
Tendremos oportunidad de meditar, dialogar y encontrarnos con otras personas que buscan profundizar en su experiencia espiritual. En esta ocasión el encuentro estará preparado por las “Dominicas en Alianza”, hermanas de cuatro congregaciones de dominicas que nos guiarán este espacio.
El encuentro está abierto a toda la familia dominicana (laicos, familias, monjas contemplativas, hermanas, frailes…) y toda persona que desee conocer la espiritualidad dominicana y la propuesta espiritual de Catalina de Siena.
Si deseas conocer un poco más de Santa Catalina de Siena aquí te dejamos un pequeño artículo:
Catalina de Siena nace en 1347 y muere el 29 de abril de 1380. Fue laica dominica. A pesar de su poca preparación se involucró en la convulsa política de su época y en el servicio de los más necesitados. Tuvo una importante experiencia mística y por ello es considerada Doctora de la Iglesia.
Joven, sin preparación académica y mujer: poco significaba alguien con estas características en la Europa del siglo XIV, pero que a impulsos de su experiencia de Dios se convirtió en maestra de espiritualidad, en indiscutible guía almas, en consejera de todo tipo de personas, laicos, nobles, cardenales, obispos, religiosos, y en una eficaz promotora de la paz. Todo esto bajo el signo de su identificación con Jesucristo con quien se sabe desposada, y a impulsos de una pasión incandescente por la Iglesia a la que ama sin mitigaciones ni rebajas, y por la que arde en amores; ella misma se autodefinirá diciendo «mi naturaleza es fuego», y en virtud de este fuego, habla, predica, ora, se consume. Catalina supo plasmar en sus escritos una teología de gran valor, elaborada, fundamentalmente en el diálogo interior que sostiene con el Maestro.
La experiencia fundante que vivió a los seis años fue el punto de partida de un proceso imparable. A los 20 años se ubican sus desposorios místicos con Jesús, y a partir de entonces, tiene que dejar su vida de retiro y soledad, para darse a una actividad apostólica inaudita: para sus fuerzas, para su condición de mujer y para el momento que atravesaba la sociedad y la Iglesia. Empieza a darse a los más pobres y abandonados. Enfermos contagiosos y repugnantes que nadie cuida. Tenía una especial capacidad de leer el interior de las personas e ir a la raíz de los problemas. Entre 1370-72, comienza la vida política. Comienza su relación personal y epistolar con grandes personalidades del gobierno y de la Iglesia.
Ella formó una familia espiritual a la que orientó y enriqueció con su doctrina y consejo; pero su influencia y valía fue, a su muerte, expandiéndose rápidamente. Sus obras corrieron de mano en mano por toda Europa, cruzando más tarde el océano. Su figura inspiró con el tiempo la fundación de algunos monasterios y congregaciones y Conventos de la Orden de Predicadores, que la quisieron tener, además, como patrona.
Estamos ante la mujer que recibió tres reconocimientos solemnes por parte de la Iglesia: el Papa Pío II, compatriota suyo, la canonizó en el año el 29 de junio de 1461; Pablo VI la nombró, junto a Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, título y reconocimiento otorgado, hasta ese momento -el año 1970-, exclusivamente a varones; y finalmente, Juan Pablo II, al entrar en el tercer milenio la declaró Patrona de Europa junto a las santas Brígida de Suecia y Edith Stein-. Todo esto nos está remitiendo, sin duda, a una gigante de la fe, a una mujer con peso específico propio.
El mensaje de Catalina hoy, es de indudable actualidad. No sólo porque la sociedad y la Iglesia atraviesan una crisis de desmoronamiento y surgimiento de algo nuevo y diferente, sino porque la persona de entonces y de ahora tiene, en sus manos y en su propia vida, la clave para hacer frente a las adversidades, para asumir su historia, y para llegar a la Felicidad a la que es convocada.
(Fragmentos tomados de Lucía Caram, monja dominica Convento de Sta. Clara, Manresa) Si deseas leer el artículo completo:




