En la práctica de la meditación aprendemos que la vida fluye como el agua. Nada se queda quieto, todo circula. Dar y recibir forman parte del mismo movimiento, como una fuente que recoge el agua y al mismo tiempo la ofrece de nuevo al mundo.
Cuando observamos nuestra mente en silencio, descubrimos que muchas veces intentamos retener: emociones, experiencias, reconocimiento, incluso la energía que podríamos compartir con otros. Sin embargo, la naturaleza nos enseña otra lección. El agua que se estanca pierde frescura; el agua que fluye permanece viva.
Dar no significa perder algo. Significa permitir que lo que hay en nosotros crezca. Puede ser una palabra amable, una escucha sincera, una presencia tranquila o un gesto de ayuda. Cada vez que damos desde la conciencia, algo se abre dentro de nosotros y nos permite construir un mundo más humano.
Recibir, por su parte, requiere humildad y apertura. Así como las manos de la fuente reciben el agua antes de dejarla fluir, nosotros también necesitamos permitir que la vida nos nutra: la respiración, el silencio, la compañía, la belleza de lo simple.
En la meditación comprendemos que dar y recibir no son opuestos. Son parte de un mismo ciclo. Cuando damos con generosidad, creamos espacio. Y en ese espacio, naturalmente, la vida vuelve a entrar.
Como el agua en las manos de la fuente, lo que compartimos siempre regresa transformado. Porque, en realidad, dar es otra forma de recibir.
Objetivos
- Tomar conciencia en grupo de claves que nos ayuden en el crecimiento espiritual.
- Crecer en la actitud de la gratuidad.
Metodología
Exposición y experiencia compartida sobre el tema a tratar a través de la escucha contemplativa, la introspección, el diálogo y la meditación guiada.
Fechas y Horario
- Viernes 24 abril 2026.
- En horario de 18:30h a 20:30h.
